“La Alergología de hoy día y la del futuro es maravillosa. Disponemos de mejores herramientas diagnósticas y terapéuticas”
Entrevista al Dr. Pedro Guardia Martínez
En diciembre, el doctor Pedro Guardia Martínez se jubiló tras más de tres décadas vinculado al Servicio de Alergología del Hospital Universitario Virgen Macarena de Sevilla, uno de los servicios de referencia en Alergología en España. Allí se formó como alergólogo y llegó a dirigir la Unidad de Gestión Clínica de Alergología desde 2009 hasta 2025, además de contribuir a la formación de numerosos residentes. Antes, durante sus primeros años de ejercicio, trabajó en el Hospital El Tomillar, entre 1988 y 1992.
Licenciado y doctor en Medicina por la Universidad de Sevilla y especialista en Alergología, fue profesor asociado del Departamento de Medicina y centró buena parte de su trabajo en la inmunoterapia y la anafilaxia, dos áreas clave en el abordaje de las enfermedades inmunoalérgicas. A lo largo de su carrera ha unido la asistencia, la docencia y la investigación, con participación en libros, guías clínicas españolas, informes técnicos, más de 40 publicaciones indexadas en PubMed y más de 200 comunicaciones a congresos nacionales e internacionales.
Ahora vive el tiempo de otra manera: más despacio, más cerca de los suyos, con viajes pendientes, libros por leer, amigos con los que seguir compartiendo la vida y días junto a su mujer, sus hijos y sus nietos. Y con mucho mar. Siempre el Atlántico, frente al faro de Trafalgar, en Los Caños de Meca (Cádiz), quizá uno de sus lugares favoritos del mundo.
Expresidente de Alergosur entre 2017 y 2021 y miembro durante 16 años del Comité de Inmunoterapia de la SEAIC —cuatro de ellos como presidente—, repasa en esta entrevista su trayectoria, la evolución de la especialidad y una forma de entender la Medicina centrada en escuchar al paciente, llegar al origen de la enfermedad y ofrecer el tratamiento más adecuado. Habla de todo ello con el optimismo de quien mira atrás con gratitud y hacia delante con la convicción de que la Alergología debe seguir siendo activa, rigurosa y clínica.
¿Por qué quiso ser médico?
Pues la verdad, desde pequeño tuve una inclinación hacia la Medicina, sin haber nadie en mi familia del sector sanitario. Solicitaba por Reyes regalos de anatomía, de química, etc.
¿Por qué eligió la Alergología?
Pues la vida misma, a veces, te depara el camino. Mi inclinación era la de Medicina Interna, pero se cruzó en mi vida la que ha compartido conmigo toda la vida, Ana, mi mujer, hermana pequeña del doctor José Conde. Él me hizo ver la especialidad y realicé la formación en el Servicio de Alergología del Hospital Universitario Virgen Macarena. Desde un primer momento me alucinó la capacidad de tener una atención clínica y la de investigar la causa etiológica de la enfermedad alérgica, lo cual durante años he tratado de inculcar a nuestros residentes.
¿Quiénes fueron sus maestros?
El doctor José Conde y sus compañeros de viaje en el desarrollo de la escuela sevillana de la Alergología, los doctores Joaquín González Pol y Antonio Chaparro.
¿Qué le enseñaron?
Que la Medicina y su práctica se centran en el paciente, que hay que oírlo y saberle realizar una adecuada historia clínica, de la cual debemos sacar los datos esenciales que nos deben orientar a qué enfermedad presenta la persona y qué procedimientos diagnósticos y terapéuticos son los más apropiados para abordar la enfermedad. Me inculcaron, a mí y a todos los que con ellos nos hemos formado, que la empatía con el paciente es básica y esencial y que hay que resolver los problemas que el enfermo presenta, es decir, resolverle los problemas. Por ello, en nuestro hospital, durante mi periodo de jefatura, hemos intentado desarrollar toda la línea de tratamiento activo de la enfermedad alérgica, no solo con la inmunoterapia con alérgenos, sino en áreas como la alergia a alimentos y las reacciones adversas a medicamentos, desarrollando unidades específicas de estos procedimientos.
¿Recuerda a su primer paciente alérgico?
Siendo sincero, no. Comencé como alumno interno en 6º de Medicina y durante ese periodo fue cuando tuve el primer contacto con el paciente alérgico, pero no recuerdo el “paciente 0”.
¿Cómo era la Alergología cuando comenzó?
Radicalmente diferente a como es en la actualidad. Hay una parte que no ha cambiado, la centrada en la anamnesis y examen físico, pero, salvo eso, poco se parece. Ha cambiado el perfil clínico, con incrementos de patologías como las reacciones adversas a alimentos y medicamentos, esofagitis eosinofílica, etc. También ha variado el abanico de procedimientos diagnósticos: seguimos utilizando el test cutáneo, pero actualmente no podemos sustentar un diagnóstico, y menos una terapia, solo en un test cutáneo. Debemos perfilar claramente al paciente y para ello el diagnóstico por componentes alergénicos es fundamental, y nuestro servicio ha sido uno de los pioneros en implantarlo en la rutina asistencial.
¿Y qué avances destacaría en el tratamiento?
En la parcela terapéutica viví el desarrollo de la terapia con los corticoides inhalados/tópicos, que cambiaron radicalmente el control del paciente asmático y rinítico. No digamos de la inmunoterapia alergénica, que es una herramienta terapéutica esencial en gran parte de nuestros pacientes, pero en la que he vivido en primera persona, como mis compañeros y amigos Laureano Fernández, Carmen Moreno y Carmen Vidal, la modificación de las pautas, desde la primera agrupada, la “Romana”, hasta la actualidad. Cambios en los tipos de alérgenos, de usar exclusivamente extractos depot a casi dejar de usar este tipo de extracto y ser cambiados por los modificados, que nos han aportado un mejor control de nuestros pacientes. Asimismo, en el área terapéutica, la llegada de los biológicos está cambiando la vida a muchos pacientes con cuadros más graves y de difícil control de su enfermedad.
¿Cómo deja la Alergología a las nuevas generaciones?
Creo que he tratado de hacerles ver que hay que estudiar a diario, que hay que, como durante toda mi trayectoria docente en la facultad, oír primero al paciente, luego explorarlo, pensar qué puede tener y luego pedir las adecuadas pruebas complementarias. Sinceramente, creo que la Alergología de hoy día y la del futuro cercano es maravillosa. Disponemos de mejores herramientas diagnósticas y terapéuticas para ofrecer una asistencia completa y de calidad a nuestros pacientes. Dicho esto, sí debo decir que siempre les he transmitido a mis residentes y compañeros que, si nuestra práctica se limita a una atención “sin complicarnos” la vida, mal iríamos. Debemos abordar el diagnóstico y el tratamiento de los pacientes complejos. Una alergia a alimentos hay que diagnosticarla y llegar al tratamiento activo de ella con los procedimientos de inmunoterapia con alimentos y las desensibilizaciones a medicamentos, no solo recomendar, en casos, la evitación cuando con un tratamiento podemos solucionar la enfermedad.
¿Cómo ha cambiado el paciente alérgico?
La noche y el día. Recuerdo cuando, hace más de 35 años, le planteamos a la empresa líder, Abelló, que teníamos pacientes polínicos a los que les practicábamos test cutáneos y todos los pólenes salían positivos, cuando seguían presentando síntomas solo de mitad de abril a mitad de junio. De esa pregunta clínica surgió el estudio de los panalérgenos, que son hoy día básicos para explicar no solo los fenómenos de reactividad cruzada, sino cuadros de alergia a alimentos, por ejemplo. Tenemos unos pacientes mucho más complejos, como decíamos, “que no se han estudiado los tratados de Alergología”, con múltiples manifestaciones y sensibilizaciones y complejidad en su manejo diagnóstico y terapéutico.
¿Y la relación médico-paciente también ha cambiado?
Es otro aspecto que ha cambiado. Los pacientes, en gran medida, vienen con información sobre su proceso, cómo diagnosticarse y tratarse, que obtienen a través de internet, hasta hace poco, y hoy por IA, lo cual hace más “compleja” su atención, que, junto con el cambio del perfil del paciente, hace más complicada nuestra práctica clínica habitual. Se ha pasado de una relación paterno-filial —se hace lo que yo digo y creo como médico— a una en la que hay que dialogar con un paciente “pseudoformado”.
¿Por qué han aumentado tanto las alergias?
No soy un experto en epidemiología, pero, a mi criterio, gran culpa debe tener el cambio en los estilos de vida, tanto en la falta de exposición temprana a alérgenos ambientales, alimentarios y bacterianos, como la contaminación, la plantación en las grandes ciudades de árboles altamente alergénicos, como el plátano de sombra. También hay un tipo de vida, con comidas preelaboradas, horarios, estrés, etc., que favorece la desregulación inmunoinflamatoria, alterando la microbiota precozmente como posible inicio de todo el proceso.
¿Qué ha significado ALERGOSUR para usted?
Parte esencial de mi vida profesional, habiendo formado parte de diversas juntas directivas, presididas por el doctor Francisco Guerra, en un primer lugar; luego, con el doctor Manuel Díaz y, finalmente, durante mi periodo de presidente. He vivido la transformación de una sociedad del sur de España, en la que junto a Andalucía estaban Murcia, Extremadura, Canarias, Ceuta y Melilla, a lo que actualmente somos: referente en nuestro país, con una sociedad fuerte en lo profesional y en lo societario, en la que nos reunimos anualmente algo más que compañeros, amigos, y lo cual ha quedado muy de manifiesto en la reciente reunión de Jaén. Obviamente, toda sociedad tiene periodos mejores y peores, pero siempre ha prevalecido el bien común. Junto a los compañeros citados anteriormente, no puedo dejar de nombrar a dos personas que, en un momento complicado, apostaron por el futuro de Alergosur: mis amigos los doctores Fernando Florido y Alfonso Miranda.
Presidió ALERGOSUR entre 2017 y 2021. ¿Qué recuerda de aquella etapa?
Pues, inicialmente, dura. Pudo suponer un cisma en la sociedad; la candidatura que presenté ganamos por pocos, muy pocos votos de diferencia, pero el trabajo diario y la confraternización con todos los socios, a mi criterio, recondujo la situación. Tras el inicio fue agradable y se consiguieron reuniones con la Administración y, preferentemente, que se iniciara la ampliación de las plantillas y ofertas de puestos de trabajo. Finalizamos el mandato en plena pandemia y hubo que prolongar un año nuestro periodo. Al acabar me solicitaron que continuase, pero siempre he creído que hay que dar paso a las nuevas generaciones, que son magníficas y extraordinariamente preparadas.
¿Qué congreso recuerda especialmente?
Todos son una reunión científica, pero de amigos. Pero debo decir que la reunión que se realizó en Sancti Petri (Cádiz) por el grupo liderado por Paco Moreno siempre la recuerdo.
¿Alguna anécdota que aún le haga sonreír?
Sí, pero no debo hacerlo en público. Una reunión en Sevilla con Fernando Florido y Alfonso Miranda, siempre que la recuerdo me aflora una sonrisa.
¿Cómo ve el futuro de la especialidad?
Magnífico, siempre que se opte por una alergología activa, de solucionar los problemas del paciente, y no contemplativa: hacer un diagnóstico básico y poner un tratamiento con biológico de entrada, sin tratar el origen de la enfermedad, que a veces supone un abordaje más complejo, pero con el tiempo más efectivo y eficiente, coste-efectivo para el paciente y para el sistema sanitario.
¿Qué papel tiene la IA?
La IA ha venido para quedarse. Nosotros, en nuestro servicio, en colaboración con nuestra Unidad de Innovación del HUV Macarena, hemos desarrollado diversos aspectos con ella. Creo que es una herramienta que, correctamente empleada y utilizada, nos va a aportar mucho a nuestra especialidad.
¿Y los nuevos tratamientos?
Con respecto a los nuevos tratamientos, opino lo mismo: hay que utilizarlos cuándo y cómo deben ser empleados, pero no podemos obviar que hay que llevar a cabo un correcto diagnóstico del origen de la enfermedad y, en función de ello, plantear la mejor opción terapéutica. Esta, a día de hoy, en gran parte de nuestras patologías, es la inmunoterapia con alérgenos. Los biológicos tienen una clara y concisa indicación y no deberían ser usados como primer escalón de tratamiento. Hay patologías que requieren un uso compartido de ambas herramientas terapéuticas, en aras de conseguir una mejor seguridad y eficacia.
¿Un consejo para los pacientes alérgicos?
Que consulten con su especialista en enfermedades alérgicas, el alergólogo o la alergóloga, y que, una vez valorados, sigan fielmente sus recomendaciones.
¿Un mensaje para los jóvenes alergólogos?
Que estudien a diario, que amen a su especialidad y que den respuesta a los alérgicos.
¿Y otro para sus compañeros de ALERGOSUR que acaban de celebrar el 54 Congreso de Jaén?
Que sigan con el espíritu científico y societario tan alto como el que hemos disfrutado.
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¿Un libro? Pues le voy a decir dos: el último que estoy leyendo, Sevilla, biografía de la ciudad dorada, de Eva Díaz, y El nombre de la rosa, de Umberto Eco.
¿Una canción? Ana, de Ismael Serrano.
¿Una película? Un pez llamado Wanda.
¿Un lugar al que siempre vuelve? Los Caños de Meca, en Cádiz, y Granada.
¿Un viaje pendiente? Japón.
¿A quién admira? A Ana, mi mujer, por ser una compañera de vida y ejemplo de esfuerzo y dedicación a sus alumnos. A mis padres, que han sido un ejemplo de trabajo y constancia. A nivel profesional, a mi segundo padre, Pepe Conde.
¿Un consejo que no olvida? Pues dos: “Sé siempre tú, haz y di lo que piensas” y “Trata de ser feliz cada día de tu vida y trata de hacérsela, de igual modo, a los que te rodean”.
¿Un descubrimiento que le habría gustado vivir? Aunque no de nuestra especialidad, el tratamiento definitivo del cáncer.



