Homenaje a los socios eméritos de ALERGOSUR

Antonio Chaparro, Joaquín González Pol, Ana de la Calle, Carmen Moreno, Teresa González, Francisco Anguita, Blanca Saenz de San Pedro, Hortensia Calderón, Manuel Díaz, Isidoro Fernández, Francisco Toledo y Laureano Fernández-Tavora.

ALERGOSUR ha querido rendir homenaje este fin de semana, durante la celebración de su 52 Congreso en Granada, a los eméritos de esta sociedad científica: los alergólogos más veteranos que ya no están en activo. Estas son las palabras que la doctora Cesárea Sánchez Hernández les dedicó a todos ellos.

“En nombre de ALERGOSUR quiero agradecer vuestro trabajo, compromiso, buen hacer, vuestra generosidad de habernos transmitido vuestros conocimientos cuando antes no teníamos tanto Internet, ni tantas redes. Vosotros nos comunicabais lo que habíais aprendido y eso nunca será lo suficientemente agradecido por nuestra parte. Una de las cosas que siempre me gustó y que el Dr. Laureano siempre me transmitió es que la medicina es ciencia y es arte. Y eso nunca lo debemos olvidar. Y es verdad. Veo que vuestro legado perdura, vuestro ejemplo siempre está ahí y en muchos momentos lo recordamos, en muchos. Así que Hortensia, Blanca, Isidoro, Paco, Manolo y Laureano gracias por haber venido y esperamos, y además me consta, que esta parte de vuestra vida la estáis viviendo con la misma intensidad y la misma pasión con la que vivisteis vuestra profesión. Muchas gracias”

Entrevista a Antonio Chaparro Martínez, médico internista y alergólogo, uno de los fundadores de ALERGOSUR

“El alergólogo tiene que realizar un buen diagnóstico, un buen pronóstico y un buen tratamiento para hacer una buena medicina”

Durante 32 años, de 1975 a 2006, de lunes a viernes, ejerció con dedicación la misma labor. A las diez de la mañana subía a la azotea del Hospital Universitario Virgen Macarena a recolectar los pólenes concentrados en Sevilla. Recogía el porta, lo teñía, examinaba las muestras bajo el microscopio y realizaba el conteo. Cuando empezó esta tarea de interés científico y básica para los pacientes alérgicos, archivaba todos los datos. Cuando se jubiló, los divulgaba en la red polenes.com y en el teletexto del hospital.

Es Antonio Chaparro Martínez, natural de Usagre (Badajoz). Médico Internista y alergólogo. Nos recibe en el despacho de su casa. Mires donde mires hay un recuerdo: la orla de Medicina, la cabeza frenológica de Cubí de la Cartuja y la mesa donde continúa estudiando, regalo de uno de sus maestros: el profesor D. José Cruz Auñón, quien se dedicó con entusiasmo al estudio de las enfermedades del aparato respiratorio, a los temas de alergia y particularmente a los problemas relacionados con el asma bronquial. Así nos cuenta, el doctor Chaparro, uno de los fundadores de la Sociedad Andaluza de Inmunología y Alergia (ALERGOSUR), como fueron los comienzos de esta especialidad.

Al Dr. Antonio Chaparro Martínez, que me enseñó a ser médico y alergólogo”. Así reza la dedicatoria de la tesis de José Carlos Orta Cuevas titulada Aportación al estudio de la importancia de los aditivos alimentarios en urticaria crónica y urticaria aguda recidivante presentada en 1991 para optar al grado de Doctor en Medicina y Cirugía. ¿Por qué quiso ser médico?
Desde mis años jóvenes, consideré que la mejor manera de ser solidario con nuestros semejantes, sobre todo, cuando pierden la salud.

¿Y alergólogo?
Bueno, eso fue por el ambiente en el que me crié. En tercero de Medicina entré en la Cátedra de D. José Cruz Auñón, un entusiasta de la alergia, el primero que empezó en España y, sobre todo, en Andalucía.

¿Quiénes fueron los maestros que más le marcaron?
Dos Pepes. D. José Cruz Auñón y D. José Conde Hernández.

¿Qué le enseñaron en la medicina y en la vida?
A respetar y tratar a todo el mundo por igual.

“En tercero de Medicina entré en la Cátedra de D. José Cruz Auñón, un entusiasta de la alergia, el primero que empezó en España y, sobre todo, en Andalucía”

El Hospital Universitario Virgen Macarena abrió sus puertas en 1974, denominándose entonces Hospital Clínico de la Facultad de Medicina, heredero del antiguo Hospital de Las Cinco Llagas. ¿Cómo vivió aquel día?
De una manera azarosa. El jefe del hospital, D. José Chamizo, no había previsto quien estaría de guardia esa noche cuando iban a hacer el traslado de los pacientes al hospital Clínico Virgen Macarena. Había hecho los turnos para el día siguiente, pero no para ese día. Entonces, D. José Conde, dijo: ‘Bueno, ¿qué pasará esta noche, cuando estén aquí los pacientes y uno se ponga malo? ¿Quién los atenderá?’ El director contestó que no se había dado cuenta. Entonces dijeron: pues ya está: Antonio Chaparro y Rafael Mestre. Era 4 de diciembre. Hacía un frío a rabiar. Tenían la calefacción muy alta. Entonces teníamos a los pacientes que se ahogaban. No paramos en toda la noche. Así que lo recuerdo como si fuera ahora mismo.

“Uno de los pacientes que más me llamó la atención fue uno que decía que era alérgico al pelo del cerdo”

¿Recuerda a su primer paciente alérgico?
Sí. Ha habido varios. Pero uno de los que más me llamó la atención fue uno que decía que era alérgico al pelo del cerdo. Me dijo que cuando entraba en la cochinera le entraba asma. Le dije: “No, mire usted. Las cochineras lo que dan es muy mal olor y eso aumenta la hiperactividad bronquial, pero los cochinos y los cerdos lo que hay es que tenerlos muy limpios porque son los animales que tienen la identidad genética más parecida a los hombres”. De hecho, en la investigación a los aloinjertos lo que se utilizan son los cerdos. Así que alergia a pelo de cerdo, no. Entonces, no se sabía de alergia. La gente decía: “que me ahogo, que me ponga usted una inyección de Urbasón, pero tú ya tratabas de investigar la causa. Preguntábamos: ‘¿A usted alguna vez le han salido ronchas también? ¿A usted con algún alimento…?’ Contestaban: ‘Ah, pues sí’ Pues usted lo que tiene es una alergia, la están tratando asintomáticamente. Así que mañana la quiero ver en el servicio.

¿Cómo era la relación médico-paciente?
Ha cambiado y no tiene parangón con lo que había antes. Cuando estábamos en las guardias y veíamos a un paciente con un dolor, con una angina, nosotros mismos cogíamos los carritos. No esperábamos a que llegara el celador. Esa empatía que teníamos los médicos con los pacientes, eso desgraciadamente, ha desaparecido. No culpo a nadie, pero probablemente la masificación y la falta de médicos tengan algo que ver.

La alergia afecta hoy a 2,5 millones de andaluces. Como uno de los primeros alergólogos andaluces. ¿Cómo fueron los comienzos de la especialidad?
Los comienzos fueron en ciertos servicios, cátedras aisladas como la del profesor D. José Cruz Auñón. Creó una excepción a la que íbamos nosotros. De esta manera, el resto de los servicios nos veían como bichos raros. Nos decían ustedes ven a alérgicos y eso ¿qué es? Así surgió. Hablamos de 1968. Como especialidad oficial no se reconoció hasta el año 82, que fue cuando empezaron a entrar los primeros MIR.

Trabajó en el servicio de Alergia del Hospital Virgen Macarena, pionero en Andalucía y en España: ensayos clínicos, estudios epidemiológicos, investigación inmuno-alergológica ¿Por qué han sido referentes en esta especialidad?
Porque éramos una serie de médicos, en la que nos incluimos varios, que nos dedicábamos a la enseñanza, a la docencia, a la asistencia y a la investigación con cuerpo y alma, sin reparar en horas. Si había que dedicarle las 24 horas del día, lo hacíamos.

Durante 32 años contó los pólenes de lunes a viernes. ¿Echa de menos el captador de pólenes que mide por m3 de aire la concentración de granos de pólenes que causan alergia?
Hombre, lo echo de menos. No cabe duda, pero soy consciente de que hay que dar paso a las nuevas generaciones. De hecho, lo están haciendo igual o mejor. Tengo un periódico que indica que el único que hace ahora mismo en Sevilla es D. José Carlos Orta Cuevas.

“Los comienzos de la alergia fueron en ciertos servicios, cátedras aisladas como la del profesor D. José Cruz Auñón”

¿Con qué precisión mide dicha veleta el aire?
La veleta es un fiel reflejo de la cantidad de aire que pasa por nuestros pulmones: El aparato está graduado para que por el agujerito que tiene entre un volumen de aire que se multiplica por una serie de parámetros. Así, en el porta que nosotros luego miramos en el microscópico, está reflejado el mismo volumen de aire que entra en el aparato respiratorio, en los bronquios.

¿Recuerda algún récord histórico de granos de gramíneas?
Sí. Ese récord histórico fue en mayo de 2001. Llegamos a 911 por día cuando en las gramíneas el índice de reactividad que está establecido son 50. Había casi 1.000 pues ya se pueden imaginar lo que se superó.

Muchas veces vio cómo subían las concentraciones de plátanos de sombra. Sabemos que llegó a contar 1.200 en la Avenida Carlos III. ¿Es así?
Sí. Llegué a contar 1.200 individuos de la misma especie, que eran los plátanos de sombra, en la avenida Carlos III, lo cual sumados a los que ya habían puesto previamente en la calle Torneo, hizo que hubiera una incidencia elevadísima del plátano. Hasta entonces, al plátano no se le daba trascendencia ninguna. A lo que hay que añadir otra particularidad. El plátano de sombra se vuelve más agresivo cuando crece en áreas altamente contaminadas debido al aumento del tráfico y la circulación en su entorno. En otras palabras, la presencia de granos de polen era mayor y su agresividad se incrementaba debido al aumento de las proteínas de defensa. De manera similar a los animales, los árboles también se defienden, como todo.

Es uno de los veteranos y fundador de la Sociedad Andaluza de Inmunología y Alergia ¿Cuándo y por qué se fundó ALERGOSUR?
Aunque ya había habido algunos brotes, históricamente, ALERGOSUR fue fundada en 1978. Habíamos tenido dos o tres reuniones previas. La primera fue en Benalmádena (Málaga) ya que tratábamos de hacer una reunión en cada provincia de Andalucía porque iba a ser una asociación andaluza. Y ya, la definitiva, donde se crearon los estatutos, fue en la reunión de Sevilla, la fotografía que hay publicada del encuentro celebrado en el Puesto de los Monos. Comenzaron los regionalismos. Ya no se hablaba de provincias sino de la región andaluza, la región del País Vasco. Y nosotros decidimos que nos quedábamos atrás. ¡Palante!

Ha asistido a muchos congresos nacionales e internacionales. ¿Recuerda alguno especialmente?
Sí. Hemos estado en Australia, EEUU, en toda Europa, pero el congreso que más recuerdo es el de noviembre de 1979 en Jerusalén. Estuvimos visitando el Huerto de los Olivos. Y, claro, allí todos nos emocionamos mucho y echamos unas lagrimitas. Y D. José Conde y yo decíamos: es que estos olivos están ahora en polinización y tenemos una conjuntivitis alérgica. Aquello quedó grabado.

¿Una anécdota que aún le haga reír?
Íbamos en un taxi hablando español. Estábamos a unos 12 km de Jerusalén cuando, de buenas a primera, el taxista dijo: ‘Señores que estoy entendiendo todo lo que están diciendo’. Y metió la mano en la guantera para enseñarlos la llave de su casa de Toledo. Hablaba un español sefardí perfecto. Dijimos: ‘¡Tierra tráganos!’ Recuerdo que llegamos al Hotel Sheraton y allí vimos a Golda Meir y Moshé Dayán. Fue apoteósico. Eran otros tiempos. Al regresar de allí, nos registraron hasta la suela de los zapatos, porque todavía España no tenía relaciones comerciales con Israel. Tuvimos que estar una noche en París y, después, salimos en dirección a Tel Aviv.

¿Cómo ve el presente y el futuro de la especialidad?
En el presente veo que hay cierto agobio debido a las demoras en las consultas, y el futuro es muy difícil de predecir porque parece ser que ahora hay cierto reparo en mandar a los pacientes al especialista. Cuando las especialidades se han creado para algo y para que te mande el médico de Atención Primaria al especialista tienen que haber transcurrido más de dos o tres años. Entonces: ¿qué falta? Dinero y personal. En España hay muchos más alérgicos de los 2,5 millones. Ha aumentado la población de migrantes, lo que hace que se ensanche el campo de atención, pero los médicos son los mismos.

¿Ayudará la Inteligencia Artificial para seguir avanzando en investigación?
Como tecnología no cabe duda que aportará avances, pero yo me pregunto ¿La IA tiene sentimientos? ¿Empatizará con el paciente como hacíamos nosotros? Es mi gran duda.

 ¿Un consejo para los pacientes alérgicos?
Que vayan al alergólogo que le dará los consejos oportunos para tratar su enfermedad, o por lo menos, tratar de minimizarla. Si no lo cura, por lo menos, que se alivie y tengan un buen tratamiento porque no solo consiste en diagnosticar. Hay que pronosticar y tratar. Y hay muchos métodos de tratamiento cada vez más eficaces, pero eso lo tiene que hacer el especialista. El médico de cabecera, con todo mi respeto, no puede abarcar todas las especialidades. No va a ser nefrólogo, cardiólogo, reumatólogo…

¿Y otro para sus colegas de ALERGOSUR que en este mes celebran el 52 Congreso en Granada?
Mi mensaje a todos los miembros y a todos los compañeros actuales es que no decaigan, que sigan luchando con todas sus fuerzas para conseguir eso que hemos dicho: hacer un buen diagnóstico, un buen pronóstico y un buen tratamiento. Que no decaigan.